Así y todo, las soluciones militares e intervensionistas que los Gobiernos promueven y los medios prestigian no aparecen, a tenor de sus resultados, como mínimamente creíbles. Ninguno de los conflictos abordados desde la perspectiva militar ha tenido solución. Más bien, podemos decir que las soluciones ofertadas por esa panoplia de intervenciones de nuevo-viejo cuño (interposición de paz, mantenimiento de la paz, imposición de paz u otros similares) no han hecho sino complicar más aún las cosas, restando legitimidad a la ONU, principal promotora de estas, y desenmascarando el papel de fuerza imperial de la OTAN, principal baza de esta nueva conflictividad internacional. Tal es el maremágnun de desprestigio que hasta en él han caído las O.N.G.s, a las cuales muchas veces se les ha criticado, con excesivo rigor y de manera interesada y cicatera, el llegar tarde y sin grandes soluciones a los conflictos abiertos. Una crítica muy extendida en los espacios más inconformistas tiende a considerar la ayuda humanitaria prestada por las ONG´s como mera ayuda paliativa y a las propias ONG´s, o a su mayoría, como entidades apéndice del entramado de intereses militares, como una especie de misioneros de su imperialismo y benefactoras de pingues beneficios.

Si tampoco las ONG´s pueden aparecer como agentes de cambio, o no del todo, ¿Qué vale? ¿O sólo nos queda una cínica resignación y conformismo en evitar, ya que no transformar, los perfiles más duros de estos conflictos?

Al propio movimiento pacifista, aún cuando se le desconoce y banaliza, se le reprocha su falta de respuestas ante los conflictos armados y tampoco sus protestas parecen incorporar pautas de una acción más afinada.