Dado que desde la perspectiva actual es imposible una solución realmente transformadora de los conflictos internacionales, nuestra propuesta pasa por un cambio radical y revolucionario de enfoque del problema:

  1. avanzar hacia la definición y aplicación de un nuevo concepto de defensa del que deriven nuevas políticas internacionales y de cooperación.
  2. abordar los conflictos internacionales desde claves internas, antigubernamentales y estructurales, como explicaremos más adelante.
  3. Un nuevo concepto de defensa: la defensa social.

Ante la indefinición interesada que propugnan los elementos estatales, nuestra propuesta es una visión estructural del conflicto en el que el objetivo ya no es tanto la actuación en los conflictos cuando ya han explotado como la prevención anterior de los mismos mediante la creación de un clima político económico, social y cultural que permita una paz positiva y estable a largo plazo, llamado Defensa Social. El concepto de paz ya no está exclusivamente relacionado con la violencia directa (la que tiene que ver con las agresiones directas, homicidio, guerras) sino con las causas estructurales que provocan violencia estructural (racismo, hambre, marginación, explotación económica, imposición religiosas o política, etc.) que explotan en conflictos no necesariamente bélicos (migraciones, hambrunas, conflictos religiosos, …).

Ante un concepto de seguridad basado en la seguridad militar del territorio contra la agresión externa y la seguridad del estado nación y de los intereses de la clase dominante, nuestra propuesta tiene más que ver con el ser humano (con las posibilidades que tiene la gente de vivir en una sociedad que permita la libertad para ejecutar las diversas opciones, que potencie el acceso a las necesidades mínimas y a las oportunidades sociales para desarrollar una vida digna y plena). Nuestro concepto de defensa atiende a la seguridad en la vida cotidiana, ante aquellas situaciones que realmente suponen un peligro: la amenaza de ante la enfermedad, ante el hambre, ante el desempleo, ante el delito, ante la represión política, ante los riesgos del medio ambiente, …

Hablamos, por ello, de un nuevo concepto de seguridad, entendida como seguridad humana, y de un nuevo modelo de defensa acorde con éste: la defensa popular noviolenta, de la que nos hemos extendido en otras ocasiones y el cual fue objeto de trabajo temático en los Encuentros de Avila del año 1999.

Nuestro concepto de seguridad es universal, pues es pertinente a todo el mundo, tanto en países ricos como en países pobres. Hay muchas amenazas que con comunes a toda la gente, como el desempleo, los estupefacientes, el delito, la contaminación y la violación de derechos humanos. Su intensidad puede variar de un lugar a otro, pero todas esas amenazas contra la seguridad humana son reales y van en aumento.

Por otra parte, dicho concepto tiene componentes interdependientes, puesto que cuando la seguridad de la población está amenazada en cualquier parte del mundo, es probable que todos los países se vean afectados.

A su vez, el concepto de seguridad humana intenta abordar los problemas desde una óptica preventiva, indagando en las causas e intentando intervenir sobre éstas para provocar las transformaciones adecuadas .

Desde este punto de vista, aparece hoy como un reto para la educación para la paz el investigar y popularizar este nuevo concepto de defensa entendida como seguridad humana, llenarlo de contenidos y de las metodologías apropiadas para que se pueda incardinar en el sistema educativo y en los valores socialmente compartidos. Además, el movimiento pacifista debe proponer nuevas vías de acción coherentes con el concepto de seguridad humana y que den respuesta a los nuevos-viejos conflictos internacionales. El pacifismo debe trabajar para que la sociedad consiga adueñarse de la definición de la política de defensa. El movimiento pacifista tiene que trabajar desde la perspectiva de campañas pedagógicas y divulgativas que potencien que sea la sociedad la que asuma el protagonismo en los temas de defensa y que sea la que defina las líneas políticas de la acción internacional, es decir, la idea es acabar con el secretismo y con el elitismo con los que se toman las decisiones en política de defensa y política internacional. Según se vaya avanzando en este proceso se podrán conseguir cotas más elevadas de paz estructural.