El seis de septiembre de este año, se cumplen ochenta años del derrocamiento del presidente constitucional Hipólito Irigoyen. Fue el primer Golpe de Estado exitoso desde la vigencia de la Constitución de 1853/60. Le sucedió un largo periodo de 53 años de alternancia entre regimenes democráticos y autoritarios. Aquel Golpe de Estado no fue exclusivamente militar ni tampoco incruento, tal como se sostiene.

Se produjo un año después de la mayor crisis financiera del siglo XX con epicentro en los EEUU y efectos en el resto del mundo; como consecuencia, le siguió una radical reforma de los parámetros macro económicos y financieros y una revisión de las ciencias económicas.

Se acusaba al gobierno de a-institucionalidad y compromiso del funcionamiento del propio sistema republicano. También se sostenía que el Presidente Irigoyen tenía signos de senilidad. Argumentaciones falsas que el propio Irigoyen se encargo de demostrar, asumiendo su propia defensa que constituye un testimonio de vocación democrática y republicana. Más aun, algunos afirmaban que Irigoyen estaba aislado y desconocía la situación real del país.  Y otros atribuían que el Golpe de Estado fue una reacción a la política nacional en materia de petróleo, que Irigoyen había impulsado desde su primer mandato y que fue continuada luego por el Presidente Alvear. Los hechos posteriores desmintieron también esta suposición porque, a lo largo de los gobiernos subsiguientes, el apoyo estatal a YPF se mantuvo hasta su privatización en la década del 90.

Se suele recordar también la simpatía fascista del General Uriburu. Aunque fue apreciable el incremento del número y la calidad de las organizaciones fascistas, falangistas y nazis en el comienzo de esa década, no alcanzó para definir el perfil ideológico del Golpe de Estado. De esta manera, el péndulo de gobiernos autoritarios / democráticos se mantuvo hasta 1983.

¿Entonces?

Primera tesis

Dos investigaciones llevadas a cabo por el historiador norteamericano Robert Potasch y el politólogo francés Alain Ruquié lograron demostrar, con sólida documentación, que todos los Golpes de Estado ejecutados por militares tuvieron siempre como condición necesaria – aunque no suficiente – el apoyo de la totalidad de los partidos políticos existentes al momento del derrocamiento del Presidente. Esto incluye a todo el espectro ideológico desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, pasando por fuerzas de centro y social demócratas.

En el derrocamiento del Presidente Irigoyen hubo además, una Acordada de la Suprema Corte de Justicia de la Nación -10 de septiembre de 1930- que declaro legitimo al gobierno del  General Uriburu y que todavía avergüenza al orden jurídico de nuestro país. En 1962 la Corte Suprema de Justicia, con otra integración, convalidó el derrocamiento del presidente constitucional Arturo Frondizi (preso en la Isla Martín García al igual que Hipólito Irigoyen) tomando el juramento al presidente provisorio de la Cámara de Senadores para ”salvar la institucionalidad” (sic). Recorrer las páginas de estos clásicos de la historia y la ciencia política ayuda a comprender la enorme distancia existente entre la historiografía y los juicios vulgares e interesados acerca de aquel Golpe de Estado y por extensión, también de los subsiguientes. (1)

Segunda tesis.

En 1930, se puso en marcha con paso firme el modelo de industrialización por sustitución de importaciones (ISI) que, coincidentemente con este periodo abierto de desinstitucionalización, se afirmó hasta comienzos de la década del 80. Aunque Roberto Cortés Conde supone que este modelo comenzó con la Primera Guerra Mundial, las condiciones generadas por la crisis de 1929 y consolidadas luego por la Segunda Guerra Mundial abrieron el camino a una prolongación del modelo. (2)

Tercera tesis

En 1930, la Unión Soviética controlada por Stalin se embarcaba en la industrialización forzosa y la criminal – por sus consecuencias – colectivización de la agricultura. Los partidos comunistas se organizaron en todo el planeta y los conservadores en nuestra región tomaron al pie de la letra la advertencia de Marx, en el comienzo del célebre “Manifiesto comunista”, sospechando  que el fantasma que recorría Europa se instalaba también en nuestros países. Los regimenes totalitarios de derecha eran una respuesta a estos temores reales o imaginarios y las preocupaciones por la democracia eran arrinconadas entre las “proto revoluciones sociales” y los “proto totalitarismos”. La Guerra Fría que asoló América Latina, -implícitamente desde 1930 y explícitamente desde 1948- hasta el derrumbe de la Unión Soviética, es el tercer ingrediente para comprender – aún de forma elemental – la dimensión histórica de aquel comienzo brutal de alternancia entre Golpe de Estados y democracias frágiles.

Cuarta tesis.

El Golpe de 1930 estrenó el poder temible de los medios de comunicación, que asomaba con una radiofonía incipiente y un amplio predominio de los medios de comunicación gráficos. El diario “Critica” montó una campaña devastadora para construir la imagen de un Presidente sin capacidad de gobierno, que representaba una seria amenaza a la República. Como ocurrió también con Arturo Illia, 36 años después.

A lo largo de los últimos ochenta años, siempre se potenció la tensión existente entre las dos instituciones que definen a nuestro Estado, la República Federal y la Democracia, como un enfrentamiento irreductible: sacrificar la democracia fue la razón para salvar la República. Todos los gobiernos autoritarios que siguieron a este golpe demostraron que tampoco respetaban las instituciones de la República. (3)

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Quinta tesis.

¿Se trata de coincidencias? El periodo 1930 – 1983 demuestra la estrecha correlación entre el surgimiento de un modelo de desarrollo que prescindía de la democracia privilegiando el desarrollo, el paroxismo de la Guerra Fría como contexto internacional, la prevalencia de los intereses articulados del establishment, el protagonismo estratégico de los medios de comunicación y la mediocridad e irresponsabilidad de los partidos políticos incapaces de contener las mutaciones sociales en curso a partir de 1930. Si no se trata de coincidencias, se debe comenzar con la construcción de teorías alternativas a las ya conocidas.

* Profesor Emérito de la Universidad Nacional de Córdoba y miembro del Consejo Asesor de Carta Política.

(1) He argumentado acerca de estas tesis en mi libro “La crisis en la crisis” (Eudeba 2002).

(2) Todo lo referente al desarrollo del modelo ISI y a su colapso a fines de 1970 y comienzos de los 80 en mi libro “Repensar América Latina” (Gerisa 2004), que incluye una lúcida explicación de Celso Furtado tanto sobre la emergencia del modelo, como de su colapso.

(3) Un análisis más amplio de la relación entre  República y  Democracia a lo largo del último siglo latinoamericano en mi libro “Sociedades Invisibles” (Gedisa 2008).